Girona

Las “manis”, ¿un deporte nacional?

  • David Mérida
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Las “manis” vendrían a definir el simpático y popular apócope existente que denota las “manifestaciones en la calle”.

Y hoy se me da por abordar el tema, ya que estamos entrando en una época en la que al mejor estilo de los ’60, nuevamente nos estamos encontrando en la calle para protestar por algún derecho perdido o extraviado. Y, como siempre ocurrió, encontrarnos en la calle ha sido, desde antaño, y supongo será, la expresión natural de los pueblos ante las arbitrariedades.

Claro está que, como en el cuento del pastorcillo mentiroso, podemos caer en la situación de que  de tantas que hacemos, llegue un punto en que más que un clamor popular pasen a ser un deporte nacional, ya que puede ocurrirnos lo peor, que ya de hecho nos pasa, y que es que no nos hagan ni puñetero caso, o al menos, el caso de aquellos que deberían. 

Por mencionar alguna, una de las más impactantes que recuerdo fue la del “No a la guerra” de Irak, cuando una marea humana de ciudadanos en todo el país salió a la calle clamando sus deseos de paz. Sin embargo, el entonces presidente de los españoles  José María Aznar, pasándose por el arco del triunfo el clamor de la calle, tras los gozosos y obligados selfies con sus amigos Blair y Busch, acordaron en la reunión de Azores, de marzo del 2003, declarar, cual megalómanos hinchados de poder, una guerra no deseada poniendo así en evidencia la cruel realidad: el pueblo no manda. 

No vamos a negar los muchos logros que han supuesto, a lo largo de la historia, la gente en las calles. Manifestaciones que en un determinado contexto, devinieron la protesta colectiva en logros por los que muchas de las personas convocadas tuvieron que pagar muchas veces hasta con su vida tal osadía. Pero, de aquellas épocas, no es prudente olvidarnos de los contextos. 

Trasladados hoy a nuestro temporal momento histórico-social, nos encontramos con una realidad, al menos en esta Europa del siglo XXI, totalmente diferente, con un proletariado aburguesado al que de pronto le han comenzado a llover las hostias de tanto desapego, desvalorización y desinterés por todo aquello que tanto les costó conseguir a generaciones anteriores. Con lo cual y teniendo en cuenta este contexto, no podemos ser tan “naif” de pensar que nuestra realidad es equiparable a la de nuestros abuelos y que ni siquiera se acerca a los contextos actuales de otros países “emergentes” del 3r mundo, o como gusten llamarles, argumentando de manera simplista que los cambios políticos-sociales se generaron siempre desde la calle. Sí, es cierto, se generaron desde la calle, pero la presión, represión, pensamiento, interés, empatía, conocimiento, implicación política, etc, etc, etc… eran parte fundamental de esos cambios y actualmente, guste o no guste, son radicalmante diferentes a los que hoy nos tocan vivir.

Por tanto, debemos convenir que una “mani” en latinoamérica, o los años ’60, no es igual a una “mani” en esta Europa capitalista del siglo XXI.

Claro, el lector podría disentir con el pesimismo, aparentemente planteado, de pensar que estoy aseverando la inutilidad de salir a la calle. Todo lo contrario, creo rotundamente en la expresión popular, pero lo que no podemos hacer es de la protesta un deporte nacional. Deporte que nos lleva a la triste realidad que cada día tengamos una y lo peor, como ya dije, no nos hagan ni puñetero caso.

Tampoco podemos pretender hacer política desde la calle, porque esto llevaría a preguntarme, ¿para qué diantres pagamos tantos personajes, estructuras y gastos estrambóticos a gente que teóricamente está para hacer lo que el mandato popular requiere? y que pasa simplemente por velar por el bienestar general. Si tanta parafernalia no sirve para nada y la solución pasa por, al mejor estilo del viejo oeste, salir en hordas meganumerosas a clamar por todo aquello que aquellos no saben hacer, sinceramente, algo no está funcionando bien en este país. 

Evidentemente, deberíamos replantear la estrategia y mirar dónde podemos hacer más daño al enemigo y de momento lo único que se me ocurre son las urnas, que es dónde más le duele a la clase dirigente, porque salir a la calle a que nos den de hostias los antidisturbios a defender lo que ellos no defienden, lo considero, a estas alturas del siglo y en esta Europa “moderna”, un tanto troglodita. 

Lo más triste, es que estos mismos políticos, a base de volantazos especulativos, van declarando sin ton ni son, a base de twits o escandalosas declaraciones mediáticas o de redes sociales, solo atendiendo a como bufa el viento, lo que la gente quiere escuchar. Eso si,  solo “declarando”, porque luego todo se queda en la nada, dejándonos a los ciudadanos con el amargo sabor de boca de quien se da cuenta de que se la han vuelto a colar. 

Esto puede evidenciar dos cosas, que seguimos creyendo que desde la calle podemos solucionar las cosas al mejor estilo primaveras sociales, o que no queremos darnos cuenta que tenemos un grave problema como sociedad. Sociedad egoísta, egocéntrica, consumista, poco empática, facilista, acomodada, etc etc etc. La sociedad de una generación que ha crecido con los problemas solucionados y que recién se dio cuenta que había comprado “el buzón” tras la crisis financiera del 2008 y el colapso de la burbuja inmobiliaria. 

Fácil fue echar la culpa a las grandes financieras, lo difícil fue, y es, darnos cuenta que nos endulzamos con la pastilla azul, que nos sumergió en la ignorancia de la falsa realidad en lugar de tragarnos la pastilla roja, que por muy amarga que fuese, nos hubiera devuelto la coherencia de aceptar que no todo lo que brilla es oro.

Paraules clau: