Girona

La coherencia no se avala

  • David Mérida
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Sin lugar a dudas, esta semana ha puesto a prueba la coherencia, al menos aquella coherencia que dista de la que pronunciaba Groucho Marx, cuando sentenciaba “éstos son mis principios, y si no te gustan, tengo otros”.

Por el costado doméstico, los Podemitas nos han sumergido en el reality-show más lamentable que se podía esperar de la pareja de sus máximos dirigentes que, a fin de “avalar” su permanencia, sometieron  su coherencia al aval de las bases. Esto, desde la demagogia populista, puede sonar muy democrático demandar a las bases que den confianza a tu coherencia, olvidándose que la coherencia es una cuestión personal que no necesita aval. O se es, o no se es. No se válida ni con el aval de un 68,4% ni de un 100%,  habiendo únicamente conseguido vestir dicha consulta doméstica-política de triste y poco seria.

Lo más sorprendente de la tragicomedia, fue el cierre de filas por parte de los centuriones de la pareja, que justificaban la compra de la vivienda como una necesidad “normal e imperiosa” inducida por el acoso mediático y de la extrema derecha  al que había sido sometida la intimidad de “Pablo e Irene”  y sus futuros hijos. Es decir, cuando la intimidad se acaba, hemos de protegerla con privacidad al estilo capitalista, poniendo altas paredes de por medio.

¿Esto quiere decir que cuando estos hijos estén en edad escolar, para proteger tal intimidad infantil, los enviarán a un colegio privado? Dejo aquí la primera pregunta retórica.

Aún peor, la particular historia me ha llevado inocentemente un poco más lejos, y me sorprende que a ningún medio se le haya ocurrido inferir o peguntar lo que yo me he preguntado y que dejo otra vez como  pregunta retórica, ¿cuánto de verdad cobran estos diputados o altos cargos políticos? 

Si con dos años en política, estos “trabajadores públicos” son capaces de asumir una hipoteca de 1700€ al mes, por más discursos dulcificantes y sociales que susurren, argumentando que “Pablo pagará 800 y yo 800 con un crédito a 30 años de mi vida”, creo que la poca vergüenza ha llegado a límites inimaginables. Cualquier ciudadano normal, en pareja, con una hipoteca de 800€ al mes, y que también tendrá que pagarla mínimamente a 30 años, no solo tendrá hipotecado el futuro de su nómina, sino de su sueño también y, ni de cerca, a estos comunes mortales les valdrá currar tan solo 2 años, para aspirar a viviendas de tal calibre. Si estas son las proyecciones en la política, creo que me equivoqué de profesión. 

Evidentemente, la revolución de café se queda sin  azúcar cuando la izquierda social, reivindicadora de los medios de producción para todos, saborea los beneficios capitalistas de la derecha que tanto critica.     

A todo este doméstico bagaje tragicómico, la semana también nos regaló con los graves embates políticos que le cayeron al PP. Zaplana y Gürtel, casos que dejarán en los libros de texto universitarios hartos ejemplos de cómo se puede corromper un sistema. Y nuevamente, en lógica de Groucho Marx, el PP sin siquiera inmutarse, llega a regalarnos otros principios a tener. Invitando así, otra vez, a la indecencia a vapulear a la coherencia, impidiendo aquello que cualquier dirigente coherente, en un país decente y un escenario como el actual, por el mínimo de respeto que debería tener para con sus votantes y sin esperar reacciones, debería hacer: dimitir. 

Pero no. Ha de ser una moción de censura la que tenga que aflorar para poner en su lugar las cosas. 

Y tras dicha moción de censura vuelve a aparecer la señora incoherencia. Puesto que se han evaluado tantos escenarios de los pros y contras de porque sí, o porque no, que lo más sorprendente es que, entre tantas elucubraciones, no se ha vislumbrado ni una siquiera que demuestre la intención de reivindicar lo más simple: que esto no se trata de especulaciones, sino que se trata de mostrar a la ciudadanía la simple y urgente necesidad de sólidas intenciones de sanear la política. 

Pero, evidentemente la política de algunos políticos pasa por ver qué conseguimos, es decir, más que política, se trata de hacer negocios. ¿Será que la política ha llegado a ser el arte de hacer oscuros negocios que no tienen en cuenta lo que la gente piense? ¿El fin justifica los medios? La dejemos también como retórica. 

La moción de censura no puede ni debe contemplarse como una opción dependiendo el qué. En momentos tan álgidos como los actuales, si por parte del actual gobierno, la responsabilidad política no lo lleva a convocar a elecciones o dimitir, tras los graves hechos acontecidos, tal inacción necesariamente debe llevar a la principal oposición a presentar tal moción de censura, por el simple hecho de ser coherentes y no de negociar.

Las preguntas o las conjeturas que surgen del éxito o no de tal moción, dependen de especulaciones tan kafkianas y tan incomprensibles que nos llevan a tener que ver al presidente del PNV a dejar botando que las condiciones de los nacionalistas vascos dependerá si el PSOE “acepta abordar un cambio en el modelo territorial del Estado, en la aceptación de los autogobiernos de Euskadi y Catalunya”. 

PDeCat sentencia que sus votos no son compatibles con los de una fuerza ultranacionalista como Ciudadanos y que su apoyo tendrá un precio muy alto. Podemos por su parte dice no poner condiciones, pero como vienen con mono de consulta, luego rectifican que primero preguntarán a sus bases. Así, perdidos en momentos tan importantes en sus affaires domésticos y el afán de avalar decisiones personales y políticas con las bases, el reality les quita la posibilidad de ser una posición seria en esta historia. 

Y C’s, como siempre, que desde hace tiempo viene dopado de hormonas Metroscópicas, está tan exitado por las tendencias que le da igual como llegar a las próximas elecciones, sin perder oportunidad de ungirse de la pura verdad y el patriotismo que de ellos emana.

Total, en este loco escenario de especulaciones, la triste y simple necesidad de oxígeno al saneamiento político, poco importa por lo visto y todo muere en exigencias a un posible gobierno que lo único que debería pretender es convocar a próximas elecciones y que la gente decida nuevamente. La partes están más preocupados de sus “negocios” que de aquellas necesarias señales que lleven a los ciudadanos comunes a pensar que, al menos por una única vez y a pesar de sus diferencias políticas, éstos pudieran estar de acuerdo en pos de recuperar algo de la socavada salud de la política nacional.  

Con lo cual y apelando de nuevo a otro de los célebres pensamientos de Groucho Marx, no tengo mejor ocurrencia que acabar esta nota recordando una de sus aparentemente incuestionables y tristes definiciones: “la política es el arte de buscar problemas, encontrándolos en todas partes, diagnosticándolos de forma incorrecta y aplicando los remedios incorrectos”

Paraules clau: