Girona

El NO que no es un SI

  • David Mérida
  • Actualitzat:
  • Creat:

Acostumbrados a que la montaña rusa política apuntara siempre al Tibidabo, esta semana, el debate de vértigo cambio de lugar geográfico, instalándose en el Warner Bros de Madrid.

Así, esta vez, fue el Congreso de Diputados el que nos tuvo en vilo toda la semana. 

Allí, tras un giro de 180º de montaña rusa, muchos diputados, que no se ataron bien su cinturón, salieron expulsados, llevándose consigo al Presidente de Gobierno y todo su gabinete. 

La Gürtel no podía quedar en anécdota y lo que, en un principio, se asumió como un farol para algunos, comenzó a tomar forma poco a poco ante la incredulidad de los demás. Tanta, que hasta algunos escépticos socialistas no creíamos que esto se pudiera concretar. Cierto es que la moción de censura era una obligación. Un acto debido como suelen llamar a estos actos que son irrenunciables y que ni siquiera pueden pasar por la dudosa pregunta de si lo hacemos. Y así se hizo. El viernes 25 de mayo, el PSOE registraba, en solitario, su moción de censura contra Rajoy. El tsunami se había desatado. 

No vamos a relatar el acontecer de los sucesos, que mucha tinta se ha gastado ya en ello, pero lo que si vamos a resaltar serán las diferentes jugadas, de diferentes actores políticos, que fueron dignas de primera fila y que merecían tomar asiento y disfrutar. 

Como la de C’s, que se empeñaba en hacer desistir a Pedro Sanchez de la moción, vendiendo su “te apoyo si…” Si esto, si aquello, si con esto, o sin aquello, revolviéndose así en sus escaños sin conseguir el objetivo. Sin entrar en razones que esto iba de coherencia y no de especulaciones. Pero esta vez, la señora de los principios comenzaba a imponerse, olvidándose de las consecuencias y jugándose al todo o nada, sin esperanzas siquiera de que el resto de la cámara apoyase la moción.

Tras las bambalinas de C’s, desesperados buscaban rescatar el bicarbonato de su Coca Cola: M.Rajoy. Aquel que le venía sirviendo desde hacía ya tiempo en su pre-campaña y con el cual venía cosechando puntos semana tras semana en su motivada carrera Metroscópica. De pronto, le habían echado agua a su cotidiano bicarbonato y ellos pedían más de la efervescente bebida para mezclar con su Rajoy. Y, en medio de toda esta locura, para sumar algo más al escaparate de las incoherencias, hasta el radical bávaro se sumaba al rescate de C’s, pidiendo desde Berlín también abstenciones. La situación lo estaba conduciendo también a él a perder desesperadamente la sinrazón de sus razones. 

Desde la derecha, el centro y la izquierda, llovían negras valoraciones sobre la persona de Sanchez. Traidor, desestabilizador, enemigo del estado, “más de lo mismo”, pro-etarra, conspirador con los “indepes”, irrespetuoso para con el MHP, oportunista, irresponsable… cuando de repente, todos, como tocados por la varita mágica de la cordura o la locura, y haciendo caso omiso a las negras valoraciones expelidas, alinearon los astros en pos del objetivo común: Rajoy, el PP, no podían seguir en la Moncloa.  

180 diputados avalaron la moción. 180 indiecitos de diferentes tribus que, juntos, en cualquier otro momento y circunstancia, habrían quemado el mismo infierno antes que ponerse de acuerdo. Sin embargo,  allí estaban, votando juntos. Obviamente la política endulzó el momento, y los líderes de las diferentes bancadas intentaron resaltar el objetivo común por sobre todas las cosas. No obstante, no nos engañemos, todos sabemos que esta “mayoría improvisada” cuaja como lo hace el vinagre con el aceite. 

Para muchos, este será un gobierno inviable. Para otros pocos, esto puede llegar a ser un gobierno muy interesante. En primer lugar, porque la izquierda, por primera vez, llega al gobierno de la mano de alguna derecha y de la manera más estrambótica: a través de una moción de censura. En segundo lugar, porque en esta bolsa de gatos que dio la mayoría, hay varios felinos que dicen estar por la recuperación de los derechos sociales y traen bien pintado su gatuno pelo de rojo. Quizás la suerte acompañe, ya que ellos conforman la gran mayoría en esta sorprendente bolsa de gatos. 

Sin embargo, no podemos ser tan naif y olvidarnos que al menor giro hacia la discordia o el desencuentro, del otro lado quedó otra bolsa de gatos, con sus felinos pelos pintados de azul-naranja y que están eufóricos de oposición, ya que  han quedado tan pero tan tocados que estimo deben tener más ganas de deshacer, que de construir. 

Y en todo este loco escenario, la fundamental pregunta: ¿será esta la gran oportunidad del PSOE?

Hoy, la gran obsesión pareciera pasar por desvelar el nombre de los ministros del nuevo gabinete, cuando no deberíamos perder de vista que hay cuestiones en el aire aún más complicadas a responder. ¿Será más complicado gobernar en minoría en el Congreso o contra una mayoría en el Senado? ¿Se podrá legislar algo con tal Senado? Porque, por mucha mayoría improvisada que se conserve, aquella que sustentó la moción de censura, es evidente que todo puede quedar estancado a nivel de Senado si al PP así se le rota.  Con los ánimos caldeados como están, no podemos olvidar que los ánimos de revancha están a flor de piel.

Si sumamos a esto, las expectativas y exigencias de sus socios de censura, la cosa se complica más aún, ya que de movida le están poniendo el listón muy alto al nuevo gobierno. La primera declaración de los socios fue la de vetar los presupuestos, cosa que el PP en plan de castigar al desobediente PNV, también está por la labor. “Los políticos-presos-políticos deben acercarse a casa” según el ERC y junto con el PDeCat seguramente exigirán dialogar sobre la república. Podemos pide la cabeza de “Billy el niño” y así “sustantivamente” son tantas las primeras exigencias que, entre tantos temas álgidos, la verdad, no se cómo podrá este gobierno gestionar todo esto sin romper el delicado consenso que consiguió esta mayoría improvisada.

Es una realidad que el primer equilibrio que debería buscarse, sin lugar a dudas, es el bienestar del ciudadano común, pero esa balanza nunca se ha inclinado tan fácilmente hacia tal lado, o al menos pocas veces se ha demostrado que prime ello como prioridad fundamental. Antes siempre estuvieron los mercados, seguido por el partido, a continuación los políticos y como último orejón del tarro, el ciudadano. Esperar que esto cambie es tan pretencioso como esperar que caiga cruz con una moneda de dos caras.

Así todo, tenemos nuevo Presidente. Tenemos el nuevo Gobierno de la Generalitat plenamente constituido. No tenemos ya 155 y el horizonte se ha pintado con un momento de tensa calma que espera expectante el primer síntoma que altere la entropía. 

Mientras, esperaremos que transcurra la semana para que aparezcan nombres y por sobre todas las cosas, para saber como planteará esta nueva legislatura aquella ave Fénix socialista, que en un resurgir de cenizas,  se encontró con un gobierno que no se hasta qué punto esperaba tener. 

Paraules clau: