Girona

Dedócratas

  • David Mérida
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​Finalmente y como no podia defraudar al espíritu paterno, Pinocho fabricó su muñeco. Al menos eso es lo que parece o apuntaría parecer, o tal vez, simplemente es lo que querría tener...

Pero ya sabemos, la leyenda es la que es y no nos asombremos si el muñeco intente sus hilos romper.

Total, el hecho es que, al igual que su predecesor en el 2016, el exiliado en Berlín, ungiendo el dedo en su santa saliva, señaló al “sucesor”. Es curiosa la situación, ya que desde el independentismo han machacado con el discurso por la muerte definitiva de la monarquia y “visca la repùblica”, pero paradójicamente nos vemos sumergidos en una nueva dinastía igual o peor, personalista e imbuida de la santa decisión que nada ni nadie puede ni debe contradecir, apelando a la Dedocracia como el método para ungir sucesores. 

Pero esta vez el ungido, además, no pinta bien, ya que aterriza en la política catalana con un historial literario que no me atrevo a calificar ni con eufemismos. Sin lugar a dudas, su currículum denota a un hombre culto y muy bien instruido, lo cual más que predisponerme al relax y a la minimización del primer shock que ocasiona dicho historial, hace que recorra por mi espina dorsal un frio gélido que me conducen al devastador escenario de preguntarme ¿hasta dónde puede llegar dicho personaje, convencido “aparentemente” del peor de los supremacismo, el fundamentado en lo intelectual?

Así, en su primer discurso y haciendo uso de esos dones, en un tono calmo y reposado, durante su investidura ha retomado el curso hacia la república, reconociendo su transitoriedad  presidencial, que lejos de ser lo más grave, ponía además énfasis en dejar entrever que él estará en el gobierno, pero no en el poder. Esto me recuerda a mi Argentina del ’73, cuando en aquel momento, el en ese entonces electo a presidente, llegaba a la Rosada con el slogan “Campora al gobierno, Perón al poder”. Es decir, ponía en marcha la “presidencia delegada” hasta que volviese del exilio el verdadero y legítimo presidente. Y así pasó lo que pasó, Perón, al cabo de un tiempo, asumía el poder y Argentina, tiempo después, se sumía en la represión de estado más brutal de nuestra historia. 

Con lo cual, no se crean que esto de la presidencia delegada es invento catalán. Los argentinos somos muy innovadores en el campo de las ocurrencias y por tanto reclamaremos los derechos de autor.

De esta forma, después de 199 días y 155 noches, otra vez tenemos President. En su elección, pocas cosas preservaron la coherencia, dado que nos hemos encontrado a los anticapitalistas invistiendo a un representante de la derecha mas rancia e intentando dejar en lo anecdótico sus basamentos supremacistas en pos del bien común: la República. Por su parte, Esquerra festejaba complaciente el logro, pero en el fondo creo que ni ellos mismos se reconocían, por mucho que quisieran argumentar lo inargumentable, por mucha épica que se ponga, a este contradictorio apoyo a la negación de sus fundamentos ideológicos. 

Por otro lado, Iceta, sin perder la esperanza en la cordura y a pesar de reconocer el oscuro bagaje del elegido, invitaba a los socialistas a esperar para juzgar. A juzgar por los hechos y no por los viejos desechos, no sin antes dejar de conminar al President a reconocer la fundamental igualdad de siete millones y medio de catalanes. Puede que su postura llegue a criticarse por falta de agresividad y demasiada benevolencia en un momento que, al parecer, así lo demandaba, más, humildemente, en momentos tan difíciles como los que vive el país, comparto la esperanza del reencuentro con la cordura antes que el fácil ataque frontal. Caso contrario, lo único que nos quedará al final de la locura es el enfrentamiento abierto, que lamentablemente estará lejos de ser solo intelectual si las cosas se desmadran. 

C’s supo poner el foco en el ojo del huracán, ya que no le interesa ningún punto de encuentro. Sus objetivos siguen apostando por ganar las próximas elecciones presentándose como la otra cara de la moneda. Su discurso se compra y se compra bien, ya que en esta radicalidad en la que se ha instalado la calle, esto es lo que vende y pasará mucho tiempo para que estos némesis desaparezcan. Por ello, nada mejor que ser el uno del binario cero, el blanco del negro, el agua del fuego, ya que si tiran de entrañas, este discurso cala, como cala el de la otra vereda.    

El discurso de Domenech, como siempre, fue convincente y hasta podríamos tildarlo de duro y bien posicionado. No obstante, viniendo de donde venimos y como hace un tiempo escribí, no puedo dejar de lado el hecho de considerarlos coresponsables de estar donde estamos. Es decir, no puede Podemos, valga el oxímoron, rasgarse vestiduras manifestando ahora el nefasto devenir de un gobierno cargado de simbolismos, siendo que han sido cómplices de continuar con estos simbolismo tras haber apoyado un presidente de mesa independentista, cuando lo pragmático hubiera sido aparcar las falsas convicciones a un lado y no perder la oportunidad de ponerle el freno de mano a esta montaña rusa.  

De JxCat y el PP no hace falta ni hablar ya que sus discursos no sorprendieron o al menos, no me sorprendieron.

Sea como sea y a pesar de tan diversas y dispersas posiciones y sensaciones, Habemus President. Los días ser iran deshilvanando poco a poco para así descubrirnos hacia dónde iremos. Desvelaremos el verdadero poder que puede tener Berlin y si realmente el President, el de aquí, será capaz de cruzar las líneas rojas que prometió a la CUP, o si se instalará en el autonomismo, apelando a la cordura demandada. 

Las presiones serán muchas y las dificultades más aún, pero hemos de acordar que esta casilla, de este interminable juego de esta Oca, en algún momento teníamos que pasar. La realidad es inevitable e inmutable. Este pequeño país está partido por la mitad y por muchas elecciones que se hagan, mucho tiempo pasará para que esto vuelva a cambiar. 

Quizás, la solución no pase por seguir intentando que una mitad convenza a la otra mitad, sino que  simplemente pase, como bien dijo el más bajito de todos, por buscar en la trasversalidad, los puntos de encuento que nos permitan voler a convivir sin reclamar.     

 

Paraules clau: