Girona

Cuando Pinocho se transformó en Geppetto

  • David Mérida
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En la literatura infantil clásica, Pinocho, a quien el deseo febril de su constructor le dio vida, salva a Geppetto y logran escapar juntos del vientre de la ballena.

Trasladando metafóricamente el cuento al paralelismo catalán, la entrañable historia nos llega modificada ya que, en este caso, el gironino Pinocho, tras ser tallado por el convergente carpintero y darle vida, rompe el final feliz, y acaba escapando de la endemoniada ballena, dejando a todos adentro, ya que la bestia, con sus incontables barbas, no los dejó salir.  

En esta historia, este Pinocho, una vez a salvo y cómodamente recluido en su republicana casa de Bruselas, continuó intentado dirigir los hilos de la política catalana, insistiéndoles a los habitantes del lejano país que la isla de los placeres era real. Y así, entre disparatados pasos de madera continuó procurando reescribir la historia, mientras que la ballena procuraba anticiparlos para darle caza hasta conseguirlo al fin y, así, poner al cuento el final que ella quería tener. Entre tanto, adentro de su inmenso vientre, los desdichados cautivos que quedaron, pensaban y esgrimían planes para recuperar el consabido final en el que todos quedan en libertad.

Tal vez, si visto lo visto y sabiendo lo sabido, Artur Mas pudiera volver atrás, cual Wells en su máquina del tiempo, a aquel 10 de enero de 2016 en el que los cupaires le decían que no; quizás éste, antes de hacer aquel estratégico paso al costado con esa inteligente estrategia qué siempre supo gestionar y señalar al número 3 de JxSí por Girona, tal vez y sólo tal vez, hoy se lo pensaría dos veces.  

Desde aquel día, Pinocho no solo se convirtió en Geppetto, sino que fue el hada, Pepe Grillo, el zorro, el gato y el gitano del cuento. Todos en uno, porque sólo él y según él, asumiendo todos los papeles, podría reconducir la historia hacia la isla de los placeres. Y así, todos al ritmo de sus pies de madera, acataron ordenes y directrices que la ballena fue interceptando de una en una para acabar devorándoselos de uno en uno, hasta recluirlos a todos dentro de su gran vientre.

Quizás Pinocho no se quiso dar cuenta que la ballena era inmensa y, como ballena que es, no piensa y solo recurre a su fuerza cuando de su soberanía marea se trata. Aprieta las barbas con sus grandes mandíbulas y nada de adentro sale. Solo entra. 

En este punto de la historia, uno podría preguntarse, ¿y en este cuento, quién hace de villano? ¿La ballena que no piensa o el muñeco de madera que quiso ser Geppetto y creer que con dos brazos de madera eran suficientes para destrozar la bestia? 

Quizás Pinocho haya estado obnubilado al haber descubierto que se quitó los hilos de encima y que podía ser él el titiritero. Quizás la ballena aún no ha descubierto que con la fuerza bruta no podrá mantener toda la vida sus mandíbulas cerradas para que nada salga de adentro. Para solucionar el dilema de no tener que reconocer un maligno, quizás podrían juntarse y honestamente expurgar sus culpas e intentar reconstruir el camino. No a la isla de los placeres, sino a uno en el que ballena y muñeco dejen de ser los protagonistas para descubrir que hay miles de personajes más que, amagados en la escenografía, desean vivir en paz y con respeto. 

Quizás, los otros personajes deban reconocer que la historia no la pueden escribir solo Pinocho o la ballena. Que para construir hacen falta todos, ya que con la mitad solo construiremos un país solo de ballenas o solo de madera. Que por muy diferentes que seamos, muchos puntos en común seguro se encuentran, ya que en el mundo está bien que existan hadas, Pepe’s, zorros, gatos, niños, jóvenes , viejos,  ballenas y madera. 

El mundo, sino, sería muy triste y aburrido, creyendo que solo hay mar o tierra.

¿En qué terminará esta historia? Estamos en el punto más álgido de ella. Adentro de la ballena han quedado muchos que los hechos y circunstancias los han puesto en una posición extrema. Pero a la ballena le han perturbado los rincones y cuando de torearla se trata, pela mandíbulas, barbas, cola, cabeza. Mueve su inmenso cuerpo y todo lo que toca cae dando tumbos, más si es de  madera. ¿Cómo se puede pensar que con tozudez se puede destrozar la bestia?

Así, entre tristeza, furia, rencor, encono, reproches  entre ballena y madera, el colorín colorado  de este cuento todavía no se puede decir, porque el felices y contentos tardará tiempo en llegar, porque aún no llega.

Paraules clau: