Girona

Carles IV de Bruselas

  • David Mérida
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Hace poco más de 300 años, la historia catalana narra que desde estas tierras confiaron, tras el pacto de Genova, en que una Gran Alianza traería el bienestar a estos lares, respaldando al austríaco Carlos III.

No obstante, la jugada salió mal y tras largos años de guerras, todo acabó en un día histórico, el 11 de septiembre de 1714, tras la caída de Barcelona, imponiéndose así el feiipismo borbónico. Es decir, no pudieron cambiar los “Felipes” por los “Carlos”.

Hoy, 3 siglos después del comienzo de aquel supuesto colonialismo, que no fue más que otra de tantas guerras perdidas y sufridas por una nación desde otra, ha resurgido el mito del “imperio borbónico” y el no al ¿“colonialismo”?  Y, oh! casualidad, quien restaurará la república perdida será otro “Carlos”, que quién sabe, a lo mejor la historia lo perpetúe como “Carles IV de Bruselas”.

Claro que este “Carlos” será más moderno, será investido vía plasma y quizás nos gobierne via Skype o Gotomeeting y hasta puede que de texto para algún episodio de Black Mirror. En estos tiempos convulsos, dónde han pasado tantas cosas extrañas, como que la mitad de un pueblo conforma el todo y que la polarización establecida, se entiende como “riqueza multicultural”, pero que se reduce tristemente a una biculturalidad catalana-española, nada puede ya sorprendernos.

Y después del 21D… … … nada ha cambiado ingenuos mortales de la vieja autonomía y/o no-nata república. TV3 sigue haciendo eco del mantra independentista y TVE continúa enhebrada al discurso nacional. ¿Y la gente?. Aquella pareciera que tampoco ha cambiado el chip y ni siquiera sabe en cual de los antagónicos mundos de Escher debe vivir.

En estos mundos, en los cuales, desde uno denuncian la no separación de poderes y desde el otro exaltan que si la hay, sinceramente, he de decir que volvemos a predicar la polarización. Evidentemente la solución no es trivial, ya que en primer lugar hemos de asumir que tenemos una “democracia” imperfecta. Denoto “democracia” puesto que es un término que particularmente no me agrada exaltar, dado que soy más republicano que demócrata, pero republicano en referencia a sus conceptos de base, no en el sentido independentista. Es decir, creo que las bases para la gestión de un pueblo deberían radicar fundamentalmente en la separación de poderes, es decir, una república.

No obstante, ni en la democracia más antigua, como suelen autoasignarse los “americanos”, pecan o pecaron de una separación virginal de poderes, ya que su historia (la contada por quienes no  ganaron) puede confirmarlo. Paro aquí un momento y abro paréntesis, para resaltar que  en dicha adjetivación volvemos a incurrir en otra falacia conceptual que asigna el término de “americanos” a la gente de América del Norte y solo a los EEUUnidenses, con lo cual si ellos son los “americanos” el resto no llego a entender qué seríamos. Pero eso es harina de otra discusión.

Por tanto y volviendo al concepto abordado de “tenemos una democracia imperfecta”, decir tan ligeramente que la separación de poderes no existe con el fin de argumentar la independencia, como republicano, me choca. Me choca tanto, como hablar del plan colonialista borbónico, olvidándose de la historia o dibujándola como mejor les queda.

Si no creyera que la separación de poderes debe existir, sería dar lugar a la certeza de tener un gobierno totalitario, y creo que, por más que no me guste el PP, distamos mucho de que esto sea así. Pueden pecar de muchas cosas pero de ¿“totalitarios”?, creo que esto es vanalizar tanto la historia que caeríamos en el tremendo error de no tener memoria y en una gran ofensa contra los que la sufrieron. Y no solo los de aquí.

Por lo tanto, ahora lo que toca es hacer política y espero que los políticos “ganadores” y “perdedores” se pongan por la labor. Como ciudadano de a pie, podría adjetivar y simplificar con una gran grosería el cómo me tienen y me siento con respecto a estos estados escherianos. Pero dicha catarsis de nada serviría. Por lo que tan solo me queda “pedir” que estos santos iluminados, a los que hemos votado, comiencen a hacer y a trabajar por aquello que les pagamos y por lo cual, por cierto, no cobran tan mal.

Paraules clau: