Girona

¡¡Callen al pájaro!! (tuit-tuit)

  • David Mérida
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​280 caracteres de desafío intelectual o infortunio mental. To tweet or not to tweet. Esta es la cuestión.

Son curiosas las metamorfosis que pueden llegar a sufrir ciertas aplicaciones de la cotidiana vida cibernética, plena de redes sociales. El caso de Twitter, es uno de los paradigmáticos, ya que de nacer como una herramienta para difundir el “estado” de una persona, es decir, lo que el susodicho twittero hacía en cada momento, llegó a transformarse en una sofisticada herramienta dialéctica para el discernimiento de todo tipo de problemas: políticos, científicos, deportivos, domésticos, teológicos, estadísticos…  llegando a complicar tanto, estos diversos escenarios, que el daño que ha hecho en muchos casos, seguramente serán (si ya no lo son) de libro de texto de obligado estudio en el campo de la sociología moderna y el comportamiento humano. 

Y ¡sí!, la política ha sido también uno de esos ámbitos castigados por el pajarillo. Ha generado tanto caos, inundando las redes con ciertos tweets e impactando en escenarios tan imposibles de creer, como el de elecciones presidenciales en importantes países o anticipando estratégicos movimientos de ciertos políticos, que, tras volar el pájaro, tuvieron que recular sus maniobras para que la cyber-muchedumbre no los linche. Así, aquel tímido pajarillo que en su génesis desvelaba su estado emocional o circunstancial, pasó a convertirse en un aplanadora mediática de poder inconmensurable.

Lamentablemente, esta reconversión no hace más que comprobar que las ansias personales, por decir algo en el cyber, es tan grande y peca tan a menudo de vulgar imprudencia que, en política, esta ocurrente dialéctica nos vuelve, una y otra vez, a través de la implacable hemeroteca, pasándonos factura por tan lamentables actos, que en un descalabro intelectual de 280 caracteres, hemos padecido en algún momento. 

Actos “literarios” que, más de una vez, estancaron la política, circunscribiéndola al “y tu más” de un patio de colegio. 

De verdad, ¿alguien puede creerse que la cantidad de retweets obtenidos son una medida justa de nuestra acerada inteligencia?, o que, aquellas ocurrentes frases, elaboradas en el reino de las entrañas, anhelando llevar a tu hashtag al buscado trending topic que complazca tu malquistado ego, ¿sean una prueba de agudeza política? 

Pues no.

Y esta tajante negación la hago no desde la subjetividad personal, sino desde el pragmatismo puro y duro que, sin ir muy lejos y sin mucho esfuerzo, podemos avalar con casos como los tweets del MHP, o el nuevo ministro de Cultura y Deporte, o el portavoz del grupo parlamentario del PP, o…

La prudencia es una cualidad que pocos, al parecer, tienen. Y, en este caso, no puedo evitar admitir que el más bajito de los socialistas es un paradigma de esta tan esperada cualidad, tan demandada en un político.

Mientras que, aquella imprudencia, que algunos twiteros consideran como “aguda perspicacia”, no ha hecho otra cosa que desenfocar los reales problemas, para poner el acento en aquello que poca importancia debería tener. 

Es más, el pajarillo hasta ha mandado gente a prisión por el hecho de “expresar sus ideas”. Cayendo la elaborada expresión literaria dentro de la contienda dialéctica de la libertad de expresión. De verdad, hay “ideas” que no valen la pena perder ni un segundo de reflexión. Pero claro, como lo que molesta no es la idea en sí misma, sino la voracidad con la que llega a todos lados, la controversia se desata, más bien por una cuestión de cantidad de receptores, que por el real debate dialéctico que de ella emana. 

Y en este inusitado (o no) escenario, me viene a la cabeza aquella famosa frase de don Shakespeare, cuando señalaba inocentemente que “es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”, la cual me lleva a preguntarme, ¿qué diría hoy con tantos esclavos dando vueltas por ahí? ¿Propondría matar al esclavista pájaro?

Seguramente, mi aversión a la simpática ave, se deba a que vengo de los ’60, cuando si de debatir se trataba, esto implicaba el cara a cara para discutir hasta que las velas dejaran de arder. No obstante, como contrapeso y a favor del pajarillo, tengo que decir que estos temas no me son ajenos, ya que son parte de mi trabajo cotidiano, lo cual me llevaría a valorar la importancia de tan tremenda herramienta, pero, es esta misma carga la que reafirma mi convicción que tales transmutaciones binarias no evitan que infiramos que, en este caso, el pajarillo se haya convertido en un arma de destrucción masiva intelectual. 

Puede que las próximas generaciones sepan reconducir a la jocosa ave azul hasta ponerla en el justo lugar que la nuestra no ha sabido encontrar, ya que, de lo único que nos ha contagiado, hasta ahora, es de dos de  aquellas no virtudes que peor lleva la naturaleza humana: el ego y la vácua verborragia intelectual.

Paraules clau: