Girona

Amb la mà estesa

  • David Mérida
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No soy independentista, pero tampoco soy anti-independentista.

Es increíble como un prefijo puede cambiar el valor de la semántica, pero en estos tiempos tan convulsos, más vale que nos percatemos de estos detalles, porque la omisión está ocasionando estragos y, la verdad, es ya agobiante que te traten como un apestado por no compartir el sentimiento independentista. A más y particularmente, si con ser inmigrante ya tenías que liar tu pequeño espacio en estos lares, ahora, encima, gratuitamente y con la liviandad de un elfo, te cuelgan la etiqueta de “facha” con una facilidad que da miedo. Y, con la misma ligereza, reparten el tablero de ser “demócrata” o no, como si de piezas blancas o negras de ajedrez se tratase.

En este aturdido contexto, no acabo de entender esto que tanto repiten de la “mà estesa”. Cómo se puede tender la mano, cuando por más que se gasten los socialistas en hacer gestos de concordia, no hay manera de obtener ni un guiño de aproximación por parte de los propietarios de la democracia, hasta la sinrazón de tener que escuchar sus tajantes expresiones de “ni olvido, ni perdón”.

Hace unos días el Sr. Pujol de JxCat, persistía con su visión unificadora de “tot el poble de Catalunya i su dignitat” desconociendo, o mejor dicho, persistiendo en desconocer que hay una parte de ese TODO que no comulga con sus ideas. Pero, está visto que al señor no le cae la ficha. Tampoco la “mà estesa” de la Sra Artadi nos da esperanzas. Recientemente también nos apabulló con una magistral clase de moral, sacando sus mejores golpes hacia los socialistas, aseverando taxativamente que ninguno que se considere demócrata puede quedarse inmóvil.

De verdad, esto no hay forma de digerirlo. Puede que el primer movimiento para no estar inmóvil ha de pasar por colgarse un pin de color amarillo en la solapa, para recién comenzar a hablar, porque la Sra. Artadi insiste en pedir hechos más que palabras al PSC. Claro, el “hecho” significa posicionarse en el uno, no en el cero,  en el blanco, no en el negro. Porque el 0,5 o el gris pasó a ser un punto mediocre cuando de épicas se trata. Lo que me pregunto retóricamente es si tanta épica acabará en algún puerto tangible y beneficioso para los ciudadanos que creyeron en el discurso independentista. Porque, de lo que se entrevé en la superficie de esa cripta inexpugnable de reuniones entre JxCat, ERC y (a veces) la CUP, tampoco es que haya muchos hechos ni giros concretos y/o reales hacia la consabida república.

Pero eso sí, de discursos cargados de moralidad estamos sobrados. El de la Sra. Artadi podríamos asemejarlo a aquel capítulo de la cristiana Biblia que rezaba así: “Éxodo 31:18: ...Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el MONTE DE SINAÍ, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios...” Claro que en este caso, la diputada escribió con su dedo independentista la tabla de los 5 puntos para ser demócrata y así se la ofreció al líder socialista, desde el Monte del Faristol.

En medio de tanta carga verborrágica, si hay algo que se ha de reconocer es la entereza del dirigente socialista para aguantar estos amarillos embates con una educación e inteligencia apabullantes.

En este sentido de “hechos y no palabras”, los cupaires, con quienes uno puede disentir ideológicamente de su modelo anticapitalista, son los únicos que no han cambiado su discurso y continúan en su tarannà de infiernos quemar. Así lo manifestó Carles Riera cuando aseveraba que son días de lucha y resistencia y pedía la investidura de Carles Puigdemont, afirmando que estaban dispuestos a responder por todo lo que ello implicara y pedía a la gente a tomar la calle. De “hecho”, los CDR’s ya están en la calle cual primavera catalana.

Ahora bien, no conozco a lo largo de la historia, revoluciones pacíficas.  Ni Gandhi en la India,  tras expulsar pacíficamente a los ingleses, pudo evitar la salvaje masacre sufrida por un país dividido entre hindús, sijs y musulmanes, provocando una de las migraciones en masa más grande en la historia de la humanidad. ¿Llegaremos al punto en que independentistas y constitucionalistas deban enfrentarse de igual modo, al extremo de tener que ver cómo una de las partes cruza el Ebro hacia el sur o los Pirineos hacia el norte?, ya que, aún no consigo quien me explique qué haremos con ese 47, 50, 53% de gente que piensa distinto y quiere el blanco y no el negro o viceversa.

Mientras que la “mà estesa” no cuaje, la democracia parcialista no se generalice y el desacuerdo de qué vocablo precederá primero, en el vocálico binomio “político” y “presos”, no se resuelva, esta alocada situación continuará sin llegar a buen puerto. Nadie quiere aparcar diferencias por miedo a perder, sin darse cuenta que ya hace mucho tiempo que hemos perdido, porque las masas han salido a las calles a dirimir sus diferencias. Y lamentablemente las masas… no piensan.

Paraules clau: